Cada día crece la preocupación de muchos por la contaminación de la tierra. Mientras que a los verdaderos responsables parece importarles poco, otros más conscientes, se han dado a la tarea de educarnos a fin de evitar que este mal se siga propagando por nuestro planeta.

Y es que es un problema de todos, ya que todavía no hay un ser humano que haya conseguido vivir fuera de nuestro hermoso planeta. De ahí la importancia de entender cuál es la raíz del problema y tratar de revertir el proceso de autodestrucción en el que se ha sumido la humanidad entera.

Cómo ensuciamos mientras limpiamos

Mientras escribía este artículo, sin darme cuenta, yo también hice mi contribución a la contaminación del ambiente: unas simples hormiguitas acudieron a mi escritorio y empezaron a adueñarse del teclado, a lo cual reaccione buscando un trapo impregnado con un químico que las alejara, solo para descubrir que ellas solo trataban de limpiar lo que yo misma ensucie: el teclado.

Y así, cada ser humano, solo buscando su propia comodidad y bienestar, se olvida de cómo funciona este planeta, que es auto-limpiante, auto-repara y todo para nuestro propio bienestar, para poder producir más alimento para nosotros.

Pero al ritmo acelerado en el que se ha sumido la humanidad, es más fácil exterminar una plaga de hormigas, olvidando que ellas descomponen lo que desechamos, convirtiéndolo en fuente de energía útil para que la vida continúe, que buscar la forma de deshacernos del sucio sin ensuciar.

Por paradójico que suene, es la cruda realidad: mientras creemos que lo limpiamos, lo estamos destruyendo.  Arrojando químicos al mar, a la tierra, a los vegetales y frutos, poco a poco, hemos ido transformando nuestro bello hogar en un sitio donde cada vez hay más especies en extinción, incluyendo la nuestra.

Por eso, mientras aun haya tiempo, meditemos en lo que podemos hacer para ayudar a nuestro planeta a recuperarse, ya todos sabemos cómo, solo falta el querer y el actuar.